Ser madre y trabajar en marketing tienen más en común de lo que la mayoría cree. Ambas cosas requieren creatividad, paciencia, resiliencia y una habilidad casi sobrenatural para hacer malabares con una docena de tareas a la vez, mientras sonríes en medio del caos (o al menos lo intentas).

En casa, soy la jefa de lavadoras de uniformes, la que prepara el táper del cole, la “conserje”, la chófer, la narradora de cuentos antes de dormir y, de vez en cuando, la que limpia culitos. En la oficina, soy estratega, copywriter, planificadora de campañas y analista de datos. Todo eso antes del segundo café. La verdad es que la maternidad no solo me ha moldeado como persona; me ha convertido en una mejor profesional del marketing, tomadora de decisiones y líder.

1. Mantener los platos girando como una pro

Las madres somos multitarea por naturaleza. Podemos gestionar el trayecto al colegio mientras planificamos mentalmente la cena, recordamos un cumpleaños y respondemos un email. Esa agilidad mental es oro en marketing, donde múltiples campañas, deadlines y opiniones compiten constantemente por tu atención.

La maternidad te enseña a priorizar a otro nivel. Aprendes a identificar rápido lo que de verdad importa y lo que puede esperar: una habilidad que se traduce directamente en productividad y foco en el trabajo.

2. Dejarte guiar por tu instinto

Tanto en crianza como en marketing, todo el mundo opina. Siempre hay una tendencia nueva, una idea “imprescindible” o un experto diciendo lo que deberías hacer.

Pero, a diferencia de la crianza, en marketing no siempre puedes fiarte del instinto. Claro que el “gut feeling” cuenta, pero cuando trabajas en marketing, los datos te dicen cómo lo has hecho y qué deberías hacer para mejorar. Te dicen cuáles son tus mejores audiencias y eso puede diferir de lo que te dicta el instinto. Crees que conoces a tu audiencia (o a tu hijo) mejor que nadie, pero a veces te sorprenden y entonces viene bien mirar los hechos. Eso es lo que el marketing aporta a la maternidad. Tu experiencia en marketing te enseña cuándo dejarte llevar por el instinto y cuándo seguir los datos (los hechos). En cualquier caso, sabes cómo adaptarte y cuándo hacerlo.
  
Lo que funciona para una familia —o una marca— quizá no funcione para la tuya. Y no pasa nada. La experiencia te enseña a seguir tu instinto, adaptarte cuando hace falta y confiar en tu propio criterio.

3. La narradora definitiva

Como profesionales del marketing, vendemos productos e ideas. Como madres, “vendemos” el mundo a nuestros hijos. Les enseñamos qué está bien y qué está mal, qué merece su tiempo y a quién o qué evitar.

En esencia, hacemos lo mismo: moldear percepciones, guiar comportamientos e influir en decisiones. ¿La diferencia? En casa, las apuestas se sienten un poco más altas (y la audiencia puede ser muchísimo más terca).

La maternidad afina tu empatía y tu capacidad de contar historias. Aprendes a comunicar con claridad, creatividad y corazón. Y, seamos sinceras, eso es la base de cualquier gran campaña de marketing.

4. Confianza y valentía

Hay un cambio silencioso y poderoso cuando te conviertes en madre. De repente, te das cuenta de que puedes hacer cosas difíciles. Puedes funcionar sin dormir, tomar decisiones que cambian la vida y seguir apareciendo (aunque lleves el pelo recogido como puedas y el café esté frío).

Esa confianza se traslada a lo profesional. Te animas a asumir más riesgos, confías en tus capacidades y empujas límites. Porque si puedes sobrevivir a rabietas de toddlers o a monstruos adolescentes, los deadlines son un paseo por el parque.

5. Caos organizado… y por qué funciona

Seamos honestas: ser madre y trabajar en marketing es una locura. Es pelo imposible, comidas olvidadas, mensajes sin responder y la sensación constante de que se te olvida algo o alguien. Pero también es la mezcla más gratificante que te puedas imaginar.

Ver a tus hijos crecer y convertirse en personitas, igual que ver cómo los leads se convierten en clientes fieles, demuestra que todo el esfuerzo, el caos y el cuidado valen la pena.

Y, sinceramente, el “cerebro de madre” y el “cerebro de marketing” no son tan distintos. La misma planificación que consigue que todo el mundo llegue al cole a tiempo puede gestionar campañas, calendarios de contenidos y eventos. Estructura, flexibilidad y un toque de humor: esa es la fórmula secreta para ambas cosas.   

6. Por qué la maternidad me hace mejor profesional del marketing

La maternidad te da perspectiva. Aprendes a centrarte en lo que importa, comunicar con empatía y encontrar alegría en pequeñas victorias. Construye resiliencia, adaptabilidad y creatividad, cosas que hacen que el marketing no sea solo un trabajo, sino un oficio.

Así que sí: ser madre en marketing es desordenado, ruidoso y alimentado en gran parte por cafeína y caos. Pero también es potente, con propósito y profundamente satisfactorio.

Porque cuando puedes gestionar el mundo impredecible de la crianza, el mundo impredecible del marketing ya no parece tan intimidante.

Un poco sobre la autora

Soy Jess, madre de tres y Marketing Campaign Manager en Spotler UK, donde soy responsable de dirigir y ejecutar multitud de campañas de marketing: desde email y eventos hasta webexs online, redes sociales, contenidos y partnerships. Acabo de volver de mi baja de maternidad con el bebé nº 3 y me he unido al maravilloso mundo de MiMs (Mums in Marketing). Qué gran lugar para compartir conocimiento y aprender de las experiencias e insights de otras personas. Si tú también eres MiM, me encantará conectar contigo: escríbeme en la comunidad de Facebook o envíame una invitación en LinkedIn.  

¡Espero hablar contigo pronto! Me encantaría conocer tu opinión sobre mi blog: ¿te identificas? ¿Cuáles son tus mejores consejos para sobrevivir al día a día como madre en marketing? ¡Envíame tus mejores trucos de supervivencia por LinkedIn!